Sevilla
es una torre
llena de arqueros finos.
Sevilla
para herir.
Córdoba para morir.
Una ciudad
que acecha
largos ritmos,
y los enrosca
como laberintos.
Como tallos de parra
encendidos.
¡Sevilla para herir!
Bajo
el arco del cielo,
sobre su llano limpio,
dispara la constante
saeta de su río.
¡Córdoba para morir!
Y loca de horizonte
mezcla en su vino,
lo amargo de don Juan
y lo perfecto de Dionisio.
Sevilla
para herir.
¡Siempre Sevilla para herir!
Federico García Lorca, Poema del cante jondo